Saltar al contenido
Hec Sánchez
← Artículos
· 5 min de lectura · product

Tu mayor competidor podría ser una hoja de cálculo y un grupo de WhatsApp

En The Woods había un grupo de WhatsApp por cada expediente y armar una propuesta podía tomar un día entero. Antes de reemplazar la hoja de cálculo de alguien, pregunta qué le costaría cambiarse.


En The Woods había un grupo de WhatsApp por cada expediente. Tenían decenas.

Ahí se guardaban las propuestas, se agregaban las novedades y se llevaba el control de pagos, compras y las distintas versiones de una propuesta conforme avanzaba la negociación. Si necesitabas entender qué había pasado, el historial estaba ahí.

En algún lado.

Antes de que construyera su CRM, así funcionaba parte de la operación. The Woods vende pisos de madera y materiales, y preparar una propuesta requería varias herramientas. Usaban una hoja de cálculo para armarla, otra con precios y existencias, y Canva para el documento que recibiría el cliente: texto, logo, términos y condiciones e imágenes de renders.

Al vendedor le tocaba unir todo. Buscar los productos, cruzar la información y calcular los totales a mano. Las copias locales de los archivos no siempre estaban actualizadas, así que también había que ir y venir para confirmar qué información era la correcta.

A veces, armar una propuesta tomaba un día entero. Cuando se acumulaban varias, podían pasar tres días y el cliente seguía sin recibir la suya.

Desde fuera es fácil preguntarse por qué se tardaba tanto el vendedor. Pero basta ver todo lo que implicaba el trabajo. Además de vender, tenía que verificar información, hacer cálculos, preparar documentos y reconstruir el historial de varias negociaciones.

Es mucho para traer en la cabeza. Llamarlo “hacer una propuesta” da la impresión de que se trata de una sola tarea.

Habían llegado a esa forma de trabajar porque, en su momento, era lo más fácil.

Quienes construimos software haríamos bien en tomarnos esa explicación en serio.

Una hoja de cálculo te da dónde poner la información de inmediato. Si descubres que necesitas registrar algo más, agregas una columna. En Canva puedes armar un documento presentable con lo que tienes a la mano. Y WhatsApp ya es donde te escriben los clientes, reciben sus propuestas y contestan cuando les das seguimiento.

Usarlo también para coordinarse internamente es un paso bastante natural. Abres un grupo para el expediente, subes la información y vas agregando lo que sucede.

No tienes que elegir una plataforma nueva ni diseñar todo el proceso desde el principio. Una excepción se puede explicar con un mensaje. El gasto adicional puede ser pequeño, sobre todo si ya usas esas herramientas.

Esa flexibilidad tiene valor. También lo tiene saber cómo resolver el trabajo con lo que ya conoces.

Cuando construí el CRM, estaba compitiendo con todo eso: los archivos, las conversaciones y las personas que sabían cómo conectar una cosa con otra. Una interfaz más bonita, por sí sola, no habría sido una gran respuesta.

En The Woods, el problema se veía en todo lo que había que hacer para entregar una propuesta.

La información existía, pero reunirla requería esfuerzo cada vez. Antes de terminar el documento, el vendedor tenía que confirmar qué precios y qué existencias podía usar. Mientras tanto, el cliente esperaba.

Los grupos de WhatsApp presentaban otra versión del mismo problema. Los mensajes conservaban el historial, pero encontrar lo que necesitabas era complicado. Los pagos, las compras y las sucesivas propuestas estaban dentro de la conversación.

Si hay varias versiones de una propuesta es porque la negociación ha ido cambiando. Poder encontrar la que necesitas importa más que saber que alguien la mandó en algún momento.

Son esos detalles los que me sirven para pensar qué construir. La apariencia de una hoja de cálculo me dice muy poco sobre si hace falta reemplazarla. Tener que confirmar los mismos datos, volver a calcular totales o buscar en qué va un expediente me dice bastante más.

Lo mismo pasa con los seguimientos que se pierden o las responsabilidades poco claras: lo útil es entender dónde empieza a fallar el proceso y quién tiene que compensarlo.

Aquí la oportunidad era concreta. Alguien ya había pedido una propuesta. Había que facilitar que la recibiera.

Concentré el catálogo de productos, los precios y el inventario en el sistema, automaticé los cálculos y agregué la generación de propuestas con un formato estándar.

Ahora el equipo puede armar una propuesta en minutos.

Los pagos, las compras, las propuestas y su historial de versiones también quedaron dentro del sistema. Se volvió mucho más fácil llevar el control de lo que estaba pasando.

WhatsApp sigue teniendo su lugar. Los prospectos y clientes lo usan para comunicarse, y el equipo lo utiliza para enviar propuestas y dar seguimiento. La información de la operación interna ya tiene dónde vivir.

Esa separación importa. La conversación con el cliente era útil. Lo complicado era que esas mismas conversaciones también tuvieran que funcionar como el expediente interno de todo el trabajo.

Pero llegar ahí requirió bastante más que construir la aplicación.

Dedicamos tiempo a cargar el catálogo y los precios. Tuve que agregar soporte para incorporar las propuestas y los expedientes que ya existían. El trabajo que estaba en marcha también tenía que entrar al sistema.

Hubo algo de resistencia por parte de los vendedores. Con el apoyo de la dirección, todos empezaron a usarlo.

A mí, como la persona que construyó el software, me convendría saltarme esa parte y contar directamente que ahora las propuestas salen en minutos. Pero la migración y la adopción fueron parte del trabajo necesario para llegar a ese resultado.

Para quien adopta el producto, cambiar implica mover información, aprender dónde va cada cosa, modificar hábitos y mantener otro sistema al día. Ese esfuerzo existe aunque el producto sea útil. También hay que considerarlo al comparar con la forma anterior de trabajar.

Este proyecto me deja un punto de partida más concreto para el siguiente proceso que encuentre: seguir una tarea de principio a fin.

¿De dónde sale la información? ¿Qué se vuelve a capturar? ¿Quién confirma que esté actualizada? ¿Dónde tiene alguien que detenerse a preguntarle a otra persona? ¿Qué pasa mientras espera?

Con eso puedo pensar qué tanto hace falta cambiar. A veces el problema está en un cálculo o en cómo se genera un documento. Otras veces, varias tareas dependen de la misma información dispersa y vale la pena hacer un cambio más amplio para reunirla. Y a veces la herramienta que ya usan hace bien su trabajo y conviene conservarla.

En The Woods llevamos el control interno y la preparación de propuestas al CRM, y dejamos WhatsApp para la comunicación con los clientes. La decisión fue darle a cada parte del trabajo un lugar adecuado.

Tu producto puede tener más funciones que una hoja de cálculo. Puede ser más fácil de mantener que una colección de archivos. Puede incluso tener ese dashboard del que estás particularmente orgulloso.

Quienes lo van a usar siguen necesitando una razón para cambiarse.

Para este equipo, esa razón era tangible: información actualizada, una propuesta que podían preparar en minutos y el historial de un cliente que podían consultar sin tener que escarbar en un grupo de WhatsApp.

Antes de reemplazar la hoja de cálculo de alguien, pídele que te enseñe cómo resuelve una tarea real. ¿Qué le facilitaría tu producto y qué tendría que hacer para conseguir esa mejora?

Shipping Notes

Un resumen semanal de lo que escribo y desarrollo, además de cosas útiles que estoy leyendo o explorando. Los artículos completos viven aquí; el correo te ayuda a ponerte al día.

Puedes darte de baja cuando quieras.